«Tomamos la bandera de Ronald Wood»

Dice con natural orgullo que es hijo de un obrero socialista, David Espinoza. También es sobrino de Blas Espinoza. Ambos, fueron presos políticos durante la dictadura: su padre, en el campo de concentración de Chacabuco y su tío, en la cárcel de Antofagasta. Ya en democracia, su tío Blas fue Intendente de Antofagasta, en el gobierno del presidente Patricio Aylwin Azócar.

Recuerda su comienzo en la vida universitaria en Antofagasta, en 1983, cuando ingresó a la Universidad Católica del Norte. Allí vio una primera protesta, iniciada en la Universidad de Antofagasta. Hubo una toma y, posteriormente, unos 600 a 700 estudiantes marcharon por calle Angamos de sur a norte, dirigiéndose al inicio del sector COVIEFI. David recuerda que el estudiantado de esa universidad ya había logrado elegir democráticamente a su Federación.

Al Instituto Profesional de Santiago (IPS) ingresó en 1985. Estudiaba durante la noche, en la carrera de Técnico Superior en Electrónica. Como estudiantes del tecnológico, también formaban parte del Centro de Estudiantes del IPS (CEIPS), que, a su vez, integraba la FECH. En 1986, David era vicepresidente del CEIPS, pero tenía un protagonismo no buscado, ante la paulatina salida del presidente Andrés Lastra, quien estaba por egresar y titularse. Al año siguiente, en 1987, Espinoza sería electo presidente del CEIPS.

Sus primeras impresiones como estudiante en Santiago son una clase de Física, a la que sorpresivamente entró el entonces dirigente de la FECH, Gonzalo Rovira Guevara y David escuchó «un discurso impecable, como era él». Después, se hizo cargo de la conducción del movimiento estudiantil del IPS, donde conoció a Ronald Wood.

Para ese 20 de mayo de 1986, David Espinoza recuerda la realización de la Asamblea Parlamentaria Internacional y, ante la ocupación militar del centro de la capital, la organización estudiantil llamó a romper el cerco. «En mi caso, yo me fui por el sur con un grupo de estudiantes porque, bueno, fuimos divididos ¿no? Y tratábamos de entrar y no podíamos».

—¿El sur? ¿A qué te refieres? ¿Por el lado de…?

— El lado sur de la Alameda. Entonces, tratábamos de entrar, porque entiendo que estaban en el Hotel…

— Tupahue.

— Entonces, intentábamos entrar hacia la Alameda para manifestarnos y estaban los milicos en cada esquina. Y no se podía. Y otro grupo de estudiantes pasaron hacia el norte y la frontera era el Parque Forestal.

Luego de saber que había caído Ronald, su agonía de tres días, y su posterior fallecimiento, David Espinoza continúa totalmente involucrado y comprometido con la militancia estudiantil.

Vuelvo a preguntarle por los años de la represión y las características del IPS y cómo lo vivía el estudiantado.

— A pesar de que sí hubo gente que fue expulsada, digamos, no recuerdo de los sumarios, no recuerdo los resultados. Pero mi visión, y porque tuvimos acceso a ese tipo de información, es que los profes se ponían de acuerdo a quién echar.

Le comento algo de la historia de la reconstrucción democrática de las federaciones estudiantiles, para que me hable sobre eso.

— Cuando aparecemos nosotros, una o dos generaciones antes que yo, los cabros se encuentran con un escenario donde «vamos, hay que hacerla». Con el miedo, la presión, los sapos…nosotros teníamos sapos en el IPS.

—¿Eran subrepticios o eran guardias?

— Había guardias, que claramente eran sapos y había estudiantes que eran gurkas, los famosos gurkas. Que después tú los mirabas en las fotos, de la Universidad de Santiago, y tu decías: «este es de tal escuela», pegándoles a los estudiantes. Y eran gurkas que eran estudiantes de una carrera del IPS.

— En alguna oportunidad, uno de estos guardias…un gallo que era el que vive en la escuela, tenía a su familia ahí, en la casa central…era como el mayordomo. Pero era un tipo raro, era un mayordomo atlético, grande, musculoso, alto. Y le pega a una de las compañeras. Y, claro, ahí hubo toda una protesta gigante contra ese personaje. De vuelta, ocurre que protestamos varios días, nos tomamos la casa central por este tipo, que vive ahí más encima, el rector dijo haremos un sumario y no quedó en nada.

—¿Tuviste alguna relación con el rector, conversaste con él?

—Con Luis Ortiz Lorenzo, no. Nunca, nunca. Y ocurre lo siguiente, y no me acuerdo de las fechas, pero parece que ya para el año 87, sacan a Ortiz Lorenzo y llega (Félix) Lagreze con Eduardo Hajna, secretario general. Y eran de la UDI, políticos. Abogados los dos, y llegan con una onda súper gremial: «ya cabros, ¿qué es lo que necesitan? Ya, ¿oficina?, oficina para el CEIPS. ¿Teléfono?, teléfono para el CEIPS. ¿Financiamiento?, financiamiento para el CEIPS». El año 87 nos quedamos como «chuta, ¿qué acaba de pasar?». Además, veníamos con esta cuestión del reflujo. Ese año, el año 87, era el año del reflujo. Era: no logramos echar a la dictadura en Julio, a pesar de que la protesta fue gigante. Recuerdo que esos momentos fueron muy dramáticos y pa’ mi familia, impactante, porque mi hermano y yo nos metimos con todo. Y yo hablé con mi papá. Le dije: «papá, sabís que 2 y 3 de julio es con todo. Y mi papá me dice: ¿qué significa eso?… que a lo mejor vas a tener que contener a mi mamá». Pero él, como viejo político, trabajador, del partido socialista, comprende que no puede hacer nada. No me dice “hijo, no, no salís de la casa», sino que me dice: “cuídate”. Y estábamos mi hermano y yo. Fue una conversación durísima, de hombre a hombre, y nosotros estábamos dispuesto a todo. El 86, en octubre, yo tenía 22.