Después del golpe de Estado de 1973, la única organización estudiantil que fue autorizada a funcionar fue la Federación de Estudiante de la Universidad Católica, FEUC, cuyos dirigentes fueron reafirmados por rectoría luego de ser elegidos por los presidentes de los centros de alumnos (Baeza, 2004). En tanto, en la Universidad de Chile se aprobó un decreto en 1974 en que cada Secretario de Facultad designada a delegados de curso a partir de una quina de estudiantes, con promedios destacados, quienes a su vez proponían tres personas para dirigir el Centro de Estudiantes. Con esta misma lógica, se designaba el Centro de Alumnos de una sede de la Universidad de Chile, con aprobación del Vicerrector (Muñoz Tamayo, 2006)
Solo a partir de 1978, el general de ejército Agustín Toro Dávila, en ese entonces rector delegado en la Universidad de Chile, emitió un decreto que permitió el funcionamiento de la Federación de Centros de Alumnos de la Universidad de Chile, FECECH, en todas las sedes regionales de la universidad: Arica, Antofagasta, Iquique, La Serena, Santiago, Valparaíso, Talca, Ñuble, Temuco y Osorno. No obstante, esta norma convirtió a la FECECH “en un conglomerado seudo representación estudiantil controlado por los estudiantes organizados de la derecha, con identidades nacionalistas y gremialistas” (Muñoz Tamayo, 2006, p.134). Se trata, en síntesis, de una participación siempre vigilada y aprobada por la autoridad y con una función netamente consultiva (Baeza, 2004).
El control también sería hacia los académicos, porque se buscaba mantener la figura de rector delegado, aunque esta designación fuera mediante una quina propuesta por un organismo superior de una universidad a Pinochet, quien debía escoger ([1]). Para mayor evidencia sobre el control de la dictadura sobre la universidad y su entorno territorial, en esas mismas directrices se anticipa que la Ley permitirá el uso de la fuerza pública para reabrir y proteger el normal funcionamiento de las dependencias universitarias, asunto vinculado a la autonomía del espacio universitario que ha sido una tradición en eta esfera educativa (Bassa y Aste, 2019).
En este ambiente vigilado, se instala una idea de despolitización, bajo la argumentación liberal que “todo universitario tiene la libertad para adherir a una posición, pero dicha adhesión deberá mantenerse siempre en un fueron interno, dado que al expresarla ejercería coerción sobre otros” (Baeza, 2004). Junto a ello, se observó un discurso paternalista, como el del almirante Jorge Swett Magde quien catalogó al estudiantado como “mocosos”.
[1] La idea quedó plasmada en un documento profusamente citado: Bases para una política Educacional. 1979. La directriz de designación por quina se encuentra en págs. 30-31, considerando 1.3.5. Se puede descargar en https://bibliotecadigital.mineduc.cl/handle/20.500.12365/20304

