Lemebel rememora que su estudiante le dijo: “-Oiga profe, hay que hacer algo para que se acabe la dictadura. -Algo estamos haciendo, Ronnie, no se acelere. Mientras tanto, usted tiene que estudiar, dar el ejemplo”. ([1])
Ronald Wood fue estudiante del entonces Instituto Profesional de Santiago, la actual Universidad Técnica Metropolitana, UTEM. Sus compañeros del IPS lo han recordado al ser entrevistados ya en distintos documentales. Guillermo Espinoza, lo rememora como un muchacho extremadamente alegre y jovial, recordando “lo bien que lo pasábamos en las fiestas” ([2]). Desde el primer año en el IPS, Carlos Etcheverry dice que Ronald estaba lleno de energía, muy espontáneo, impetuoso. Carlos Cisternas lo recuerda alegre, se reían todo el día, en definitiva, eran jóvenes sencillos; mientras que el ex dirigente estudiantil Carlos Moena da una visión más comprometida de Ronald. Era cooperador y participaba de las asambleas. ([3])
Antes del fatídico 20 de mayo, Eduardo Wood, su padre, conversó con él, “aconsejándole que no se arriesgara. En fin…los consejos de un padre”. Eduardo Wood dijo que tal vez fue un presentimiento de lo que iba a suceder.
El 20 de mayo de 1986, Ronald Wood Gwiazdon debió atender a sus hermanas que estaban con gripe, recuerdan en su familia. Su padre Eduardo también estaba resfriado. Desde su casa, en la población Cuatro Álamos, en la comuna de Maipú, Ronald salió acompañando a su madre Wanda, porque ella no podía cargar tantos libros hacia su trabajo, como vendedora en la editorial Salvat. Cuando se despidió de ella, Ronald la dejó junto a sus compañeros de trabajo y les dijo: “a mi mamá no le gusta estar sola. Como yo me voy, la dejo aquí para que la acompañen”, como recordó su madre. Quedaron de encontrarse en el sector de Plaza Italia.
En horas de la tarde, Eduardo Wood recibió una llamada telefónica de un ciudadano con acento extranjero. El padre de Ronald recordó que aquella persona le dijo que “recogió a Ronald cuando fue herido y lo metió en su vehículo, uno pequeño… las piernas de Ronald no entraban. Que estaba rodeado de uniformados y que ninguno le prestó ayuda”. El muchacho había sido llevado al Instituto de Neurocirugía. Hasta ese lugar llegó la madre, Wanda Gwiazdon, quien fue informada que su hijo tenía muerte cerebral. “Lo pude ver, pobrecito, le habían sacado todo el pelo, lo habían pelado para ver los orificios que tenía en la cabeza. Tenía dos balas sin salida de proyectil”, recordó.
Lemebel tuvo su duelo propio: “Por muchos años, creí reconocer su risa en las bandadas de estudiantes que alborotan el parque, las plazas, el río y la tarde primaveral. Creo que hasta hoy no me convenzo de su fatal desaparición y lo sigo viendo florecido en el ayer de su espinilluda pubertad. Tal vez nunca logre borrar la sombra de culpa que me nubla el recuerdo de sus grandes ojos pardos; aquellos lejanos días de escuela pública cuando me regaló en su mano generosa la manzana partida de su rojo corazón”.
Wanda Gwiazdon, antes de fallecer dijo en la entrevista al diario La Batalla de Maipú: “necesitamos saber la verdad antes que estemos más viejos y no estemos en este mundo. Quiero que se diga la verdad y que los militares den a conocer todo lo que sucedió”.
[1] La crónica «Ronald Wood, a ese bello lirio despeinado» forma parte del libro de Pedro Lemebel, De perlas y cicatrices (pp.137-140). El audio de Radio Tierra fue llevado a Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=KRSGJFC13hA&list=PLg8N6toIFnOQj7dDlpjxztmNqHeM3BH-i&index=6
[2] UTEM difundió la ceremonia de entrega del Título póstumo para Ronald Wood: https://www.youtube.com/watch?v=J_2eLLuEg8w
[3] Documental UTEM sobre Ronald Wood: https://www.youtube.com/watch?v=i40Q1-HW5nk&t=145s