Ronald Wood

Ronald y su familia vivieron en la comuna de Maipú. Allí estudió en un colegio donde Pedro Lemebel fue su profesor de Artes.

De su paso por esas salas de clases, Lemebel lo recuerda (hacer clic en la imagen) [1]:

Tan inquieto como amigable, Ronald tuvo muchos amigos. Al caminar por aquel barrio de Las Acacias, en el límite con Cuatro Álamos, su hermana Katia Wood rememora los días en que a Ronald le decían “el millón de amigos”, como la canción Yo solo quiero, de Roberto Carlos. Ese grupo grande se reunía en una plaza cercana, donde jugaban fútbol.

Esta característica lo acompañó cuando estudió en el IPS. Carlos Etcheverry recordó que desde el primer año, Ronald mostraba energía, espontaneidad, era impetuoso. Carlos Cisternas dijo que era alegre, se reían todo el día, en definitiva, eran jóvenes sencillos. El ex dirigente estudiantil Carlos Moena dio una visión más comprometida de Ronald: Era cooperador y participaba de las asambleas [2].

Consejo de un padre

Era 1985 y 1986, los años de la represión más cruel de la dictadura. En marzo de 1985, carabineros secuestraron y asesinaron mediante degollamiento a tres profesionales: Santiago Nattino, Manuel Guerrero y José Manuel Parada. Y en 1986, los allanamientos masivos se desarrollaban semana tras semana.

Una semana antes del 20 de mayo de 1986, Eduardo Wood, padre de Ronald, conversó con su hijo, quien ya estaba participando del movimiento estudiantil antidictatorial. Habló con él, “aconsejándole que no se arriesgara. En fin…los consejos de un padre”. Eduardo Wood dijo que tal vez fue un presentimiento de lo que iba a suceder:

Preocupado de su madre

El 20 de mayo de 1986, Ronald debió atender a sus hermanas que estaban con gripe, recuerdan en su familia. Su padre Eduardo también estaba resfriado. Desde su casa, Ronald salió acompañando a su madre Wanda, porque ella no podía cargar tantos libros hacia su trabajo, como vendedora en la editorial Salvat.  Cuando se despidió de ella, Ronald la dejó junto a sus compañeros de trabajo y les dijo: “a mi mamá no le gusta estar sola. Como yo me voy, la dejo aquí para que la acompañen”, como recordó su madre. Quedaron de encontrarse en el sector de Plaza Italia.

En las cercanías, estuvo caminando su hermana, Wanda Wood. Estudiante de Agronomía, también viajó desde su campus hacia el centro de la capital ese 20 de mayo. Así recordó esos momentos:

«Pasado el interminable viaje, aturdida y mareada, me dirigí hacia donde me llevaban las masas, cerca de Plaza Italia. Era mucha la gente que caminaba asustada y nerviosa. A poco andar me di cuenta de que las calles estaban sitiadas por militares pintados y camuflados. Pensaba que estaba muy distraída para un día tan tenebroso…» [3]

En su libro Ronald Wood: Un puente a los sueños, Wanda cree haber transitado por calle Marcoleta (muy cerca de la Posta Central) y haber visto un automóvil escarabajo, desde donde se veían unos largos pies colgando en sus ventanas traseras.

Pasadas las 18.00 horas del 20 de mayo fue Eduardo Wood quien recibió la llamada telefónica de un ciudadano con acento extranjero. El padre de Ronald recordó que aquella persona le dijo que “recogió a Ronald cuando fue herido y lo metió en su vehículo, uno pequeño… las piernas de Ronald no entraban. Que estaba rodeado de uniformados y que ninguno le prestó ayuda”. El muchacho había sido llevado al Instituto de Neurocirugía.

Hasta ese lugar llegó la madre, Wanda Gwiadzon, quien fue informada que su hijo tenía muerte cerebral. “Lo pude ver, pobrecito, le habían sacado todo el pelo, lo habían pelado para ver los orificios que tenía en la cabeza. Tenía dos balas sin salida de proyectil”, recordó.

Mártir de una bala milica

A la distancia, el hecho conmovió a Pedro Lemebel, como lo relató en su crónica de Radio Tierra.

Para su padre Eduardo, Ronald “en realidad, es un mártir, es uno de los mártires de la dictadura”.

Wanda Gwiadzon, antes de fallecer dijo en la entrevista al diario La Batalla de Maipú:

En 2026 se cumplieron 40 años del asesinato del joven Ronald Wood Gwiazdon.

No existen culpables, dejando el crimen en la absoluta impunidad.


[1] La crónica Ronald Wood, a ese bello lirio despeinado forma parte del libro de Pedro Lemebel, De perlas y cicatrices (pp.137-140). El audio de Radio Tierra fue llevado a Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=KRSGJFC13hA&list=PLg8N6toIFnOQj7dDlpjxztmNqHeM3BH-i&index=6

[2] Documental UTEM sobre Ronald Wood: https://www.youtube.com/watch?v=i40Q1-HW5nk&t=145s

[3] Wood, W. (2021). Ronald Wood: Un puente a los sueños. Editorial Universidad Tecnológica Metropolitana.