«Tomamos la bandera de Ronald Wood»

Al Instituto Profesional de Santiago (IPS) ingresó en 1985, para estudiar en la noche, la carrera de Técnico Superior en Electrónica. En 1986, David Espinoza era vicepresidente del Centro de Estudiantes del IPS (CEIPS) y él tenía un protagonismo no buscado, ante la paulatina salida del presidente Andrés Lastra, quien estaba por egresar y titularse. Al año siguiente, en 1987, Espinoza sería electo presidente del CEIPS.

Sus primeras impresiones como estudiante en Santiago son una clase de Física, a la que sorpresivamente entró el entonces dirigente de la FECH, Gonzalo Rovira Guevara. David escuchó «un discurso impecable, como era él». Después, se hizo cargo de la conducción del movimiento estudiantil del IPS, donde conoció a Ronald Wood.

El fatídico 20 de mayo de 1986

Para ese 20 de mayo de 1986, David Espinoza recuerda que, ante la ocupación militar del centro de la capital, la organización estudiantil llamó a romper el cerco. «En mi caso, yo me fui por el sur con un grupo de estudiantes porque, bueno, fuimos divididos ¿no? Y tratábamos de entrar y no podíamos».

—¿El sur? ¿A qué te refieres? ¿Por el lado de…?

David: — El lado sur de la Alameda. Entonces, tratábamos de entrar, porque entiendo que estaban en el Hotel…

— Tupahue.

David: — Entonces, intentábamos entrar hacia la Alameda para manifestarnos y estaban los milicos en cada esquina. Y no se podía. Y otro grupo de estudiantes pasaron hacia el norte y la frontera era el Parque Forestal.

Luego de saber que había caído Ronald, su agonía de tres días, y su posterior fallecimiento, David Espinoza continúa totalmente involucrado y comprometido con la militancia estudiantil.

Expulsiones, gurkas y el compromiso total

La represión hacia estudiantes universitarios había sido una constante en manos de la dictadura cívico militar. Y continuó en 1986, año de represión y que el estudiantado del IPS lo vivía de manera particular.

David: — A pesar de que sí hubo gente que fue expulsada, digamos, no recuerdo de los sumarios, no recuerdo los resultados. Pero mi visión, y porque tuvimos acceso a ese tipo de información, es que los profes se ponían de acuerdo a quién echar.

Pese a la represión, el CEIPS formó parte del proceso democratizador de las organizaciones estudiantiles. Varias federaciones se habían democratizado.

David: — Cuando aparecemos nosotros, una o dos generaciones antes que yo, los cabros se encuentran con un escenario donde «vamos, hay que hacerla». Con el miedo, la presión, los sapos…nosotros teníamos sapos en el IPS.

—¿Eran subrepticios o eran guardias?

David: — Había guardias, que claramente eran sapos y había estudiantes que eran gurkas, los famosos gurkas. Tú los mirabas en las fotos, de la Universidad de Santiago (Usach), y decías: «este es de tal escuela», pegándoles a los estudiantes. Eran gurkas estudiantes de una carrera del IPS.

David: — Uno de estos guardias…un gallo que vivía en la escuela tenía a su familia ahí, en la casa central…era como el mayordomo. Pero era un tipo raro: mayordomo atlético, grande, musculoso, alto. Y le pega a una compañera. Y, claro, hubo toda una protesta gigante contra ese personaje. Protestamos varios días, nos tomamos la casa central por este tipo, que vivía ahí más encima… el rector dijo haremos un sumario y no quedó en nada.

Mayo de 1986 finalizó con un Congreso Nacional de Estudiantes Universitarios que fue nombrado «Ronald Wood», en homenaje al estudiante asesinado en el entonces Puente Loreto. Lo que venía era el paro y protesta nacional de julio, programada para dos días consecutivos: 2 y 3 de julio de 1986. Para David fueron semanas de decisiones muy difíciles.

David: — Recuerdo que esos momentos fueron muy dramáticos y pa’ mi familia, impactante, porque mi hermano y yo nos metimos con todo. Yo hablé con mi papá, le dije: «papá, sabís que 2 y 3 de julio es con todo. Y mi papá me dice: ¿qué significa eso?… que a lo mejor vas a tener que contener a mi mamá». Pero él, como viejo político, trabajador, del partido socialista, comprende que no puede hacer nada. No me dice “hijo, no, no salís de la casa», sino que me dice: “cuídate”. Fue una conversación durísima, de hombre a hombre, y nosotros estábamos dispuesto a todo. Yo tenía 22 años.